Madre no hay más que una. Pero en Tándem hay seis formas de encontrarla.

Seis restaurantes. Seis madres. Una sola excusa: que hoy cocina otro.

Hay un tipo de madre para cada restaurante. Y hay un restaurante para cada tipo de madre. El truco no es acertar con el plato: es acertar con el sitio. Porque cuando la llevas al lugar equivocado, lo notas. Lo notas en la cara que pone cuando lee la carta. Lo notas en el silencio. Este 3 de mayo, que no haya silencio.

LA QUE CONVIERTE CADA COMIDA EN UNA EXPERIENCIA.

LA BOCCA · Calle Madre Vedruna

(La que pone la mesa bien aunque sea martes. La que sabe que comer bien es una forma de decir te quiero.)

Para ella una comida no es solo alimentarse: es ritual, es cuidado, es detalle. La Bocca habla su idioma. Empieza con el Provolone del Véneto fundido al horno con tomate, pesto y focaccia para mojar, sigue con la Pluma ibérica marinada y laminada con patatas o los Chipirones afogaos, y cierra con el Tiramisú ‘de la Nonna Silvi’ del Montelupo a Zaragoza. Mediterráneo de verdad. Como ella: con fondo, con forma y con mucho sabor.

LA QUE NO NECESITA ADORNOS.

NATIVO · Av. Juan Carlos I, 41

(Solo producto bueno y en su punto. La que cocina mejor que nadie y lo sabe, aunque nunca lo diga.)

Exigente con razón. Sabe distinguir un fondo bien hecho de uno de sobre. Lleva décadas perfeccionando el guiso y no acepta atajos. Pero en Nativo baja la guardia: el Rodaballo a la brasa con verduras asadas, las Flores de alcachofa con sofritto de jamón y alioli tradicional, o el Arroz aragonés horneado a la brasa con secreto ibérico y boletus son el tipo de cocina que ella misma firmaría. Sin teatro. Si al final pide el Chuletón Nativo con 30 días de maduración, déjala. Se lo merece.

LA QUE TE ENSEÑÓ QUE EL MUNDO SE VIAJA COMIÉNDOLO.

NÓMADA · Plaza San Francisco

(La que tiene el pasaporte más sellado de la familia y te manda postales desde sitios que no encuentras en el mapa.)

Vivir para ella es moverse. La rutina la aburre y la carta de siempre también. Llévatela a Nómada: un Maki crep de pato confitado con foie, trufa y alga wakame, un Pad thai con lagarto ibérico, gambas y fideos de arroz o un Ceviche de langostinos con cebolla roja y lima. Cinco continentes en una sola mesa. Y si quiere brindis, el Minimojito Nómada no falla. Porque ella tampoco.

LA QUE SIEMPRE ENCUENTRA EL MOMENTO PARA SENTARSE CONTIGO.

MARENGO · Cocina del mundo

(La que ha dado más de lo que ha pedido. Siempre. Sin quejarse. Con una sonrisa.)

Para la madre a quien nunca le has dado suficiente. Reserva en Marengo y hazlo bien: Burrata con carpaccio de tomate, pistacho, miel y trufa para abrir boca, Tiradito de salmón con encurtidos y leche de tigre de mango para sorprenderla, y los Dados de solomillo con setas silvestres y salsa de foie para el final de partido. Remata con el Tiramisú de pistacho y un Marengo Spritz. Que hoy el mundo es suyo.

LA QUE SABE DE TODO, OPINA DE TODO, Y CASI SIEMPRE TIENE RAZÓN.

MORROFINO · Actur, Zaragoza

(La que conoce a todos en el barrio, saluda al camarero por su nombre y pide sin mirar la carta.)

No necesita etiquetas ni maître. Necesita que esté bueno y que se note que hay alguien cocinando de verdad detrás. Morrofino es su sitio: los Pimientos de ‘La Yaya Loli’, rebozados y rellenos de ternasco de Aragón, jamón de Teruel y salsa de piquillos, que le recuerdan la cocina de la abuela. Taberna fetén. Como ella.

LA QUE LLEVA TODA LA VIDA DEMOSTRANDO QUE LO CASERO NO TIENE RIVAL.

LA TRADICIONAL · Comida casera para llevar

(La que prefiere comer en casa, en su silla, con su tele, sin que nadie le coja el mando a distancia.)

Hay madres a las que el mejor regalo es llevarles la comida a casa. Sin reserva, sin protocolo, sin ponerse guapas. Para ellas existe La Tradicional: todos los arroces, el pollo asado que recuerda a domingos de verano en familia, o simplemente un poquito de todo lo que suena a chup chup, a imagen y semejanza de cómo lo haría ella. Que se lo ponga en el plato que quiera y lo coma en el sofá. Eso también es quererla.